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Poesía — Libro completo
Anémonas
Mitocondriales
Alejandro Ulloa Otárola
Asistencia
Es el comienzo;
el momento aquél de los caminos abiertos
simultáneos.
Tu brazo entero se levanta en el aire,
se yergue con el valor de un mástil
y frente a una tormenta inminente, letal.
Un dedo indica solitario un punto en el aire,
va a apuntalar un agujero negro
o el centro de una galaxia impensada.
De tus labios una mariposa herida
se derrama en el horno del cuarto
y ante el largo auscultar del silencio de otros ojos cuarzo.
Las paredes frías explotan con su eco de tiempo presente
y tu nombre agónico
va a encontrarse en el registro de un libro
y ante los ojos del profesor.
Mariposa
Cae lenta y pensada
pastosa, una gota en el vacío
cae siempre fastuosa
en sordera, en olvido.
Se derrumba por los rincones
se fractura dispendiosa al sinsonido,
su eco destemplado es tu voz
-tu voz de niebla, tu voz de invierno-
que me alarga una caricia hasta lo sombrío;
un lamento extenuado
un plan, por siglos ceñido.
Tu vos me alcanza, me recorre
me sopla una frontera en los labios
me arrulla un llanto carcomido.
Tu voz me oculta un lamido estridente
un paraje incorruptible, asfixiante
un panal de arena y sal
sombras férreas, intacto sol de mis pulmones.
Cae siempre la gota en el siempre.
Te cobijo desde esta aurora
Donde el eco me devuelve hasta su frente,
observo la gota cayendo irreductible
y te meces, floreces venus de su sombra.
Tu piel que todo lo invade
aumenta en la insolencia
besas ámbar tus rodillas
te buscas en espejo mariposa.
Ola
Y atraviesa la antimateria al cuerpo
como abraza sal la ola al mar
hay un túnel profundo y moluscos
un agujero sordo en mi
sin eco, sin ti.
Lamprea inconcebible de este pecho tuyo
cuello en desamparo de tu-mis hombros;
y abraza la ola al mar
como abraza la luna un rayo:
recta y sola, simple y recta.
Se retuerce y se revuelca
descarta la espuma fuera del espejo
-queda sola, y ya no hay ola-.
Y quedas tú
con tu-mis hombros
con este pecho enceguecido
hundido como túnel de ola
abrazando al mar.
Desnuda
Ayer te descubrí desnuda
sentada, junto a los pies esquivos
del silencio en ramas
abrigada por la sombra y luz de luna;
de mis ojos sorprendidos, descubierta.
Un sol en carne viva
un durazno en flor partido.
Festines
Mordí de nervios tus uñas sempiternas
mientras las sembrabas furiosas en mi sangrante espalda,
abierta a mares como bocas;
violentos gruñidos crepusculares.
Mordí de nervios los labios tuyos
besamos los ojos del fuego
en el espejo, que nos consumía
calmo, fastuoso;
de nuestra piel festines.
Derramé tu prosa una cala
y la eyaculé febril en tu oído
que dio vueltas de espiral,
saltos de conejo, aterrados
irredentos crucifijos
y que se hundió, almácigo.
En el remolino que es tu hambre
-la implosión y sus vaivenes-
que acogen recónditos, los confines siderales
de las notas albas de los pianos
copiosos en jazz, menguantes en blues.
Mordí tu prosa cuando germiné lacerante en tu vientre
oí el estruendo de tus melodías delfines.
Gracias a la vida
Gracias a la vida,
(que me ha dado tanto)
me dio estos dos hombros
-hombros de hartazgo-
y nacientes desde ellos
éstos mis dos brazos;
que cuando amplio los abro
cual grave roca contengo
tu cuerpo y encanto:
el beso tuyo que es flor de vino en llanto.
María
Tus palabras son tristes y lejanas como los funerales de una salitrera
víctima del olvido, presa del abandono.
Tu soledad no tiene más límites que la distancia misma
se concibe impropia, ajena a tus terrenos.
Tu soledad viaja y se expande, me visita a mí
me tizna de la ausencia que te besa descalzos los lamentos.
Tú sales a esperarle,
yo me siento a buscarte.
Te vistes de cortezas y esperanza, atolón
centro de gravedad de perfumes amputados
allá, en tu cuarto propio
donde le permites a María te controle,
que se descontrole
dentro de ti.
Te vistes de corteza y María
se escapa de tu puño
penetras tú en su letra.
Te sientas a escribirle
me siento yo a escribirte.
Te voy desdibujando y en esa imagen tuya
tú así lo harás con María.
Te voy trazando y describiendo en mi calma búsqueda
sentada en el reflejo la fuente
tu mano mi pluma, tu puño mi letra.
Te vas viviendo, por mi brazo el soplo y la vida.
María me observa en palabras tu cuerpo dibujar.
Imantación
Hay un peso errático
saliente, un choque un doblar de campanas
hay un dejo de pasión,
un yo que queda
y esa masa voluptuosa, salina incontenible.
El derrumbe del espacio intermedio
el vibrar, su canto subterráneo
la expansión sin centro alguno
y esa sangre incolora
que nada por venas ninguna.
Se estrangulan las entrañas ortocéntricas
implosionan médulas, osteólisis recogiendo
se inicia la vida del imposible, perenne ostracismo.
¿Dónde queda el mar cuando muere el cielo?
¿A dónde va el tiempo cuando cobra vida el metal,
desplaza el hablar
saca de su órbita al invierno?
Y al perderte
La tarde era molde, triste arrebato en su luz.
La tarde pesaba lenta bajo el pavimento
de un sol pegajoso;
un sol, uno solo.
II
El Profuso
Espacio Amniótico
Eidetismo pétreo
No atravieses esa puerta
detrás se encuentra todo
tras el dintel no faltarás
-ni bostezos de artimañas-
las palpitaciones, el oxígeno.
Del otro lado el zoológico,
el bestiario de carne en hueso
en uno, la multitud el rascacielos.
De aquel lado estoy yo
sin mi cuerpo sin mis almas
con tu razón siempre entre mis años.
No atravieses esa puerta
allá te espera el efluvio,
el de tu sangre en llamas;
volcán
eyaculando aullidos vacuos.
Te espera la ofrenda del hijo-padre
por el monte, y lo que exudaran sus poros
te esperamos todos, con los ojos bien abiertos
crucificando el llanto en la materia,
el portentoso canto de la muerte pétrea:
gallardo entonar de meses y oraciones
bravío asomar de tormenta en arena.
No atravieses, mas no te quedes
estamos todos, te esperamos todos
(ojos bien abiertos)
te espera lo indomable, el eco
el rumor del relincho musitado
estamos todos, con tu iris incrustado.
Con tu iris, recordando
esta triada versicolor
de tus ojos, los míos en perplejo
y esta aurora en medio floreciendo;
el portal en claroscuro, la pétrea marca,
esta luz de eclipse que nos refracta
cuando amanece en nuestro cuarto
y somos dos.
Hibisco
Grita desgarra y brama
mira hasta el tope un cielo azul
la blanca nube, oye el diluir:
el sol su despertar.
Un ovario carcelario de alta torre;
mazmorra de tibias paredes dulzonas.
Amor herbáceo de perfumes rododendros
del estigma una ventana,
el sépalo la crucifixión
y de fondo tiembla el tiempo en cuerpo:
aurora y sitar.
Derrumbase este gineceo
plantarse derramante
ante esta flictena floral:
aguda vejiga putrefacta
y en sus contracciones ahora obligarle a aunar
delimitar, empequeñecer y coartar.
Enrostrarle la sonrisa
la ironía su ilusión
temblara de cimientos yerta alondra
cabalgara hibisco en cruz.
Verdad Develada
El barniz-rasguño de tu boca
me la descubrió enferma una ola
-la tempestad noche-kraken-
en instante de relámpago
tu voz entrecortaba el beso que en alquitrán
zurcía tus labios a una corona en peste.
Recogiste empolvada las miradas tras los establos
ahuyentaste esfinge los relinchos demoníacos,
subiendo cataratas en crines
avergonzados los caballos, enmascarados herraduras.
Origen engendando,
origen vas pariendo.
Le soltaste la mano al reloj
estéril el mármol no devolvióle el eco.
Musitaste un asombro limo ante el espejo
un tumulto en piel creciendo.
Acérrimo
Placenta no retienes un suspiro
en el alba se revuelcan tristes las alforjas.
¿Dónde queda el maullido acérrimo
apagado de luz, que ojos no abriera,
ese canto de fulgor perdido en el cemento
solo, en el albor de una ciudad
en artimaña, en claridad
mezquina siempre, adónde vas?
Placenta que dejaste de brindar
abrigo, que frenaste el verter
del dios-oxígeno
placenta coagulada, devuélveme la voz perdida
de un rasguño hijo
del alcance infértil, del abrir camino al duelo;
el batallar contra la suerte
que te sopla matinal el frío, instinto ahogado
susurro inerte a los oídos.
Poema No Deseado
No puede ser cierto,
no lo quiero cierto.
¿Estaré allá, con vos
en alguna forma
en alguna parte
formando parte
de alguien más?
Nombre
Lejano en el estanque
repite el eco taciturno de tu nombre acurrucado
andrajosas queman las palabras
acicalan felinas las gargantas enarboladas;
yo te nombro tus besos
yo te nombro tu recuerdo.
Se extingue lento el fuego en leño
deposita franca una película sobre el agua.
Te vuelves innombrable
y es que casi existes
debajo de este manto, que devuelve
lo que no retienen los ojos lamentando.
Yo te pronuncio detenido,
con las yemas de mis dedos
y de a poco voy fijando solo una torre
que se eleve ondulando el firmamento;
el profuso espacio amniótico
de este cielo que estoy callando.
Se extingue lento el fuego en leño.
Tu nombre llega del rebote en el estanque
tu nombre llega del dormitorio
la cocina, el velador
y el polvo que descansa
perpetuando
el tiempo entre los muebles.
(y es que estoy tan solo cuando ahogo
esta torre en este cielo
no hay silencio que contenga
lo que tu nombre me ha dejado)
Se extingue leño, el cielo sin tus versos.
Venenos marfílicos
Turgentes venenos marfílicos cruzaron mis canales,
serpenteaban dilatadas ante mis pupilas
mariposas noctámbulas.
Alfaguara luminaria:
de entre mis calles abdominales, arrayanes;
mis troncos se extendieron cuán largos
tu pereza me irritaba
hasta el iris más absorto
viscerales fueron, somos, seríamos.
Turgentes y marfílicos mis ojos
tu pereza mis calles abominables, sarraceno
la luna en el espejo y la arena irrepetible
su reflejo, turgente
un cementerio de escamas ante la absorción:
ni Adonis adolecer puede
ni Narciso logra ahogarse
Tanto.
Gárgolas
Gárgolas travestidas en prometedoras minifaldas,
de piernas gruesas, anchas sus espaldas.
Semáforos contando las horas, putas
a la calle con la calle
gárgolas fuertes, arpías pacientes con cigarrillo en la mano,
barato.
El taxi y la barriga,
el semen coagulado y los vellos sudorosos.
Las gárgolas lloran cuando sonríen
al despertar.
Yo me masturbo con la sola idea del cigarro,
barato.
Menarquia
Las nubes se marchitan
en silencio, observa
como queriendo guardar el secreto
cansino, esconden mejillas el sol.
Mas no hay palmas,
terminan en rayos las luces
los fines de estos rayos
al final de estas luces.
El cielo enrojece en pudor de animal belicoso
se huele un pozo allá en el fondo
tras el risco aletea sin cabeza;
un estanque hediendo,
un espiral de piedra contenido.
Las nubes se marchitan quinceañeras,
juntando las rodillas
despilfarran una bandada
esquiva, murciélagos rojos
frenesí de su menarquía.
Las nubes se marchitan
-diría él ahora-
se marchitan callando.
El avión recoge tantas lunas
como nubes encuentra muertas
junto al sendero al amanecer.
Fosa Común
Abrázame, esta vez
bordéame azabache tu encanto
cae descompuesta un aire;
un perfume compaginado
coagulado de mí.
Cae, cae siempre a pedazos
descuartizada,
sin fuerzas,
en mí.
Cae eterna, lenta, grotesca
cae muerta entre éstos mis brazos
entre mis piernas, mis rostros enrevesados
detenida siempre
cae-vierte
tu putrefacción.
Devuélveme lo que me pertenece
tus huesos miasmas, bordeando
este pesebre sobre inerte,
la sombra que nube enmudece este féretro-amor.
Pacífico
Despierta la mañana un mundo la placenta
amanecen asomadas las pestañas encontradas.
De los pechos tiernamente desgarrados
brotan, cual tal entonces,
gotas del río gestando
el que tanto frío alondra enerva
aquel que tanto de ti en mi destruye.
Despierta la ciudad una mañana
agitan, revolotean y carcomen
las pestañas en la red de mi garganta.
De mi espalda un océano un horizonte
mas de tu voz…
de tu voz la miel,
la miel y la cueva,
el hogar y el seno.
De tu voz profundidades
insensatas luminarias
de las que pronto añoro lejos.
¿Qué he de decirle al girasol?
¿Hasta dónde y agotada
la mirada he de alzar?
La piel muerta de mi cuerpo
flota sobre el río,
muta en un viaje amapola
hasta el fin de nuestro océano
divergiendo.
Carnaval Silente
De entre los carros luminosos
cae una sonreída mirada absorta
hasta la sola brea fría.
Intenso en el campo
ilumina el eco de una luciérnaga en grano
lejos de germinar.
Detrimentos siderales flamean como diamante-esporas
lamen húmedos mundos al paso del cortejo añoso.
Por las aceras se desmorona la adrenalina de una ciudad
una campana en su alta torre rasga altiva su garganta
su alcance rasguña el infinito
-y sus dedos sangran.
Profusa la distancia emana navegable de sus venas;
Palidece.
Instantes no Concebidos
Torrencialmente bajo el agua
refúgianse los peces tras las rocas
desde el trueno caen burbujeando
injertan una luz y sin embargo
brotan aleteos blancos, despavoridos al despoblar.
Ya nada flota
poco se nada.
La superficie es una joya aletargada
incrustada en diamantes fugaces
de cierto diseño crepitante
intencionado, irregular.
La escena huele a almendras sin madurar
se recuesta la esencia como el horizonte a la mirada:
densa al palpar
espiraliforme, tangencial.
En fruto de instantes no concebidos
senténciase una palabra ahogada en nieblas
con colores de sauce recitando,
con sus caricias como puertas
cruzando el tiempo, de par en par.
Nácese un caballo de negro perpetrado
brillante degollado, sangrante frecuencial
derrama su cuerpo al galopar tropezando la frontera
se inunda en negro el velo espeso
madura el tiempo, pudre la almendra
y entre los brazos tiende a teñirse de su sangre boreal.
Te pronuncio con mi voz de cascabel en el collar de un leopardo
dejo esta presencia en este fraccionar.
Sen Lin Gong Yuan
I
Transito incontenible sobre el río
amarillean las que entonces verde hierbas
a la luz de este adiós
y con los nombres propios de este tiempo.
II
Deliberan trazos negros, alados entre las copas
se yerguen reflejados por el peso
de este atardecer que consume la vida
de los bancos olvidados
(irreconocibles como encallado un barco
hacia el final de nuestros días),
les arranca los últimos rasgos humanos
pasan a ser uno mismo con el sol
y su tibieza, inquietantemente un organismo.
Qué lento es todo y qué carente de ensoñaciones
no hay nada que pueda mostrarse tal como es y sin embargo
nada hay más sincero que este reposar del sol
sobre este parque como dos espejos
frente a frente, ensimismados de su vacío mutuo.
III
Alienada una bicicleta pasa rozando el silencio
abrupto,
recompone el significado de los entornos
y la superstición de nuestros gestos.
Cuando ella ya se ha alejado
son repoblados hasta el más insospechado
de los tejidos: un alegato que clama
por recobrar su identidad de mesura
y las voces que siempre le han pertenecido,
un profundo sabor cítrico que medita
entre los troncos y el barro.
IV
La palabra belleza se descompone
y desmenuza
cae presa de mis pupilas gustativas
y por más que busque entre los más
distintos trópicos
no puede haber un sentir
ni un momento mejores
para reconocer la desgracia de llamarla
entre nosotros.
V
Su infertilidad me abofetea realidad,
qué mejor forma de injuriarle
que encontrarla así tan pálida, leprosa
y desnuda,
tan falta de este atardecer
y de este ahora.
Epicentro
Leo una carta ante el espejo
cierro mis ojos y desvanezco
mis amapolas digitales frente a su cara
robusta y agradeciendo.
Entonces cito:
"me miras como si miraras
de frente y sin angustia,
como si miraras de frente y al miedo al fracaso".
Dentro del espacio que se
me permite
una fisura,
un corte con papel que entre
mis brazos al calor
contengo;
perfúmase un reflejo de
post-scriptum
un aguacero
en trementina
coagulado
un adiós
y un horrible esgrima un beso
empapado, en saliva
una estampilla
de tan, tan lejos.
Secreto
Sobre un taxi un gorrión planea,
un transeúnte descubre una palabra en la calzada
cuando ella se baja y su minifalda;
los muslos enfundados y preguntas.
Olvida su teléfono un antiguo dolor
sobre el asiento,
una luz de semáforo queda suspendida entre los cables
de la intersección,
interpretando el rojo de sus labios
y los días sin saber volver
como un secreto.
Nevando
Nevando, sobre los lagos y por la noche
un trabajo que es secreto
una furia de lava imprenta
aún bajo cubierta.
Nevando en los callejones de Nueva York
sobre la ropa que una mujer desahuciada
olvidara recoger, añosa
perdonada sobre el cordel.
Nevando sobre las cimas que miran Lhasa con cautela
un lento descubrir del terreno a tientas
un palpitar de yemas primerizas
desbordando la pasión de la alquimia,
el cielo dispuesto en pinceladas.
Nevando en Cucao
entre arrayanes y como si fuese posible
como si ya no despertar de asfixia a media noche,
la incertidumbre o la desolación
como si ya no volver a imponer la verdad.
Nevando frente a las tiendas de antigüedades
y cuando ya todos han abordado el último tren del mes:
una luciérnaga escampada
desvistiendo las ramblas de Uruguay.
Nevando el aroma enhiesto
mescolanza de las sedas que se tejieran
con vuestros cabellos canos
muy amadas magnolias suicidas
desde tan alto se os ve caer,
desde tan alto y tan siempre:
una noria que rescata imperceptible esa pasión
la que abandonada tañera todo nuestro todo
el de nuestro blanco Abril incierto.
Nevando, noche irreprochable
testigo lacerante de esta oscuridad omnipresente
una noche en que todas las ventanas
fueron túnel deletreando
el pálido descenso vertical de sus magnolias
y su alarido tácito invernal.
Cuando ya las fuentes de las plazas mayores han callado
y en el corazón de las capitales aneurismas
los barriales se hayan coagulado
a tientas y con los ojos desmembrados
se abandonará el son del mundo
y un centro epílogo:
una disección como un canal.
La Noche de su Mundo
Se hizo noche en el mundo
cuando la flor de mañana tocó su cuerpo.
Amanecía ella desnuda y sin suspenso
la harina fue luz en su piel
y la luna fue a ahogarse en otros desiertos.
Puente
Que dejaste tras de ti una larga estela inciensa
un puente como comisura, geográficamente incorrecto
puente al fin, hermoso sin igual y sin embargo;
con levante, camanchaca y sus demonios.
Tu rostro enrojecido de tristeza
un puente nevando bajo el coma en los rincones
un mal parido beso de mis labios
un carcomido beso invulso, que cerróle ojos el invierno.
Nevado y en deshielo, un poco
gota a gota vuelve entonces, donde cierra
curvas una esfera.
Gota a gota en desnudez y sin excusa;
un puente en silencio destripado,
desnevado, tiritando de cielo
y viceversa.
Un árbol distante descendiendo
se posa a los pies enhiestos de la nieva en retirada
se oye su corteza un alarido inmuto
un árbol solo observa el puente
con aroma a frutos secos.
Decanta en movimiento
un río entre las piedras.
Cristalizas esos tiempos en la ventana
entumecida de imposibles
y con la nieve como palabra entrecortada;
inmune al efecto vacuo de los labios
sumergida ilusa, en la garganta almendra
un punto desnudo de este respirar seducido.
Que dejaras tras de ti una larga estela,
que dejara tras de mí estas palabras
bajo el puente y ya sin nieve.
Anémonas Mitocondriales
Alejandro Ulloa Otárola
Publicado en Chile